Un nuevo fracaso en la lucha global contra la contaminación química.
La Primera Plenaria del Grupo Intergubernamental Científico-Normativo sobre Productos Químicos, Desechos y Contaminación (INCPPP) realizada en Ginebra del 2 al 6 de febrero 2026 generó grandes expectativas como segundo intento para controlar la contaminación química tras el tropiezo de 2024, pero finalizó sin avances concretos, evidenciando la parálisis existente en la gobernanza ambiental global.
El INCPPP, creado por Resolución de la Asamblea de Naciones Unidas para el Medio Ambiente UNEA-5.3 (2022), tiene el mandato de evaluar los riesgos científicos y proponer normas contra las sustancias químicas persistentes, los desechos plásticos y la contaminación transfronteriza. Se trata de problemas graves, se estima que debido a los mismos fallecen 1,7 millones de personas al año por toxicidad directa, a la vez que agravan el cambio climático. En efecto, el metano de los vertederos representa 20% de emisiones globales de gases de invernadero, los PFAS (sustancias per-fluoro-alquiladas y poli-fluoro-alquiladas) ya contaminan el 45% de las aguas subterráneas y 400 millones de toneladas anuales de plásticos amenazan los océanos.
La reunión plenaria abordó la adopción de los siguientes objetivos:
- Aprobar la estructura organizativa del Grupo Intergubernamental y el cronograma de trabajo definitivo;
- Delimitar el alcance del trabajo: focalización en las sustancias químicas emergentes y los desechos electrónicos (e-waste);
- Armonizar los esfuerzos con los Convenios de Basilea, Rotterdam y Estocolmo;
- Establecer evaluaciones científicas vinculantes para las regulaciones globales.
Algunos datos que ofrecen el contexto de la urgencia de los problemas existentes son los siguientes:
Los graves riesgos que representan las sustancias químicas persistentes: el enfoque se centra en los PFAS y los plásticos no reciclables. Se estima que se arrojan 350 millones de toneladas de estas sustancias químicas/año, 70% sin regulación; los PFAS se vinculan a 4,5 millones de casos de cáncer anuales. Por ejemplo, estudios recientes muestran que la contaminación con PFAS de ríos en India que causan malformaciones en niños, persistiendo décadas en las cadenas alimentarias.
En cuanto a la gestión de desechos transfronterizos y los protocolos para e-waste y vertederos, se estima que globalmente se generaron 62 millones de toneladas e-waste en 2022 (solo 22% fue reciclado), y que los vertederos arrojaron 1,5 millones de toneladas de metano/año solamente en África. Otro ejemplo son los «tsunamis tóxicos» de desechos chinos en Filipinas que contaminan los suelos y la pesca.
La lucha contra estas formas de contaminación requiere de un marco normativo y de cooperación, además deben integrarse los esfuerzos con otros tratados de la ONU ya existentes. Un ejemplo claro son los 8 millones de toneladas/año de plásticos que van a parar en los océanos formando la Gran Mancha de Plástico del Pacífico (1,6 millones km²) que muestra que no está funcionando del Convenio de Basilea. Esta contaminación acidifica los océanos y altera las migraciones marinas.
Pese a las expectativas de que este Panel lograría acuerdos vinculantes, la reunión cerró sin establecer el cronograma ni la estructura del Grupo de Trabajo. Estas decisiones fueron pospuestas indefinidamente por divisiones geopolíticas, persistiendo posiciones divergentes de EEUU y China vs. Europa, África y el Sur Global, igualmente incidieron las presiones ejercidas por firmas industriales. Solo se avanzó en una hoja de ruta preliminar no vinculante, confirmando el fracaso en alcanzar los objetivos trazados y exponiendo debilidades estructurales.
¿Qué debería hacerse?
Debería actuarse a nivel regulatorio y científico, tanto a escala internacional como local. En cuanto a las regulaciones, deberían establecerse impuestos globales a los PFAS y a los plásticos vírgenes, así como establecer sanciones por las exportaciones ilegales. Asimismo, las Academias deberían lideran las plataformas de datos abiertos sobre el monitoreo de estas formas de contaminación. Internacionalmente, la próxima plenaria debería focalizarse en establecer metas obligatorias de reciclaje. Localmente, en el caso de Venezuela, se deberían integrar los objetivos del INCPPP en planes concretos contra la contaminación ocasionada por la actividad industrial, particularmente la petrolera, incentivando la economía circular. Debería impulsarse el reciclaje de e-waste con incentivos fiscales.
Este patrón de fracasos del Panel hace que sea urgente una investigación sobre esta gobernanza ambiental fallida, que genere recomendaciones para transformar las decepciones en oportunidades de acción innovadora.
